Enseñar a crear

Josef Albers' Bauhaus Preliminary class, 1928

Los procesos creativos, aunque conocidos y aprendidos desde siempre, siguen guardando un halo de misterio que nos impide comprender el esquema de su verdadero funcionamiento. En su breve texto Los misterios de la creación artística[1], Stefan Zweig estudia de cerca los grandes maestros y su manera de proyectar o componer una obra, concluyendo que los caminos hacia la creación artística son infinitos y que tanto el tiempo de creación como el estado anímico son indeterminados. Asumiendo que en la creación artística todo proceso puede ser válido y cualquiera es incierto, intuimos lo compleja que resulta la docencia de esta materia. ¿Cómo se enseña a crear?

Desde una distancia superior al propio cuerpo, no es fácil potenciar el desarrollo de una mente ajena cuando la tarea de desarrollar la propia es ya complicada. Aunque para esta enseñanza no sea preciso dominar un arte, sí lo es el haber experimentado y entendido un proceso completo de aproximación a él. Un docente cuenta con su experiencia propia como herramienta necesaria, aunque no basta sólo con poseerla en la memoria, como un antiguo trofeo guardado en un armario. Es necesario sacarla, darle brillo, repasarla y sobre todo sistematizarla, llegar a los puntos esenciales por los que se pasó: aquello universal, aquello que es transmisible, y por tanto, reutilizable por el alumno.

 Claro que el docente debe contar con otras herramientas aparte de la propia experiencia, como el estudio y conocimiento sobre el campo de trabajo. Evitando la ingenua apuesta por un único método ideal y seguro, llegando comprender la materia de estudio desde sus diferentes perspectivas. Sólo una vez se han aceptado las distintas maneras de proceder, puede entonces llevarse a cabo una verdadera labor docente, sea cual sea el camino que el alumno elija como mejor para su desarrollo creativo. Es especialmente importante hacer un gran esfuerzo por comunicar sin imponer un punto de vista claro, esquivando al propio ego en favor de una docencia de calidad. Conseguir que las respuestas que más disten de las marcadas sean las primeras en recibir la bienvenida, dejando escapar así la sensual idea de convertir a los alumnos en eternos aprendices de uno mismo, llegando a inmortales no solo a través de las obras sino a través de la escuela creada.

Por muy amplia que sea la formación de un profesor, y curtida que sea su experiencia, si el dialogo con un alumno se produce de manera aislada puede quedar incompleto. Son siempre más didácticas las ideas transmitidas en grupo y asimiladas en conjunto, trazando, al lado, recorridos diferentes con puntos conocidos desde donde parar, poner todo en común y poder apreciar las diferencias de forma clara. Con ello se potencia precisamente la pluralidad de opciones y caminos que en un primer paso, y de forma individual trataba de mostrar el docente.

Desde luego es común que, en la corrección oral de un trabajo, el estudiante analice con cuidado cada palabra tratando de entender el extendido “qué quiere el profesor en realidad”. Pero es necesario aceptar que el profesor, el docente, no puede querer nada específico, y en caso de que lo haga no debe mostrarlo, ya que ello desbancaría el proceso personal del alumno, y de este modo toda intención del ejercicio. Toda lógica nos lleva a pensar que el papel del docente es guiar al alumno por el camino correcto, pero en materias de creación artística se debe dar un paso más. Valorando la importancia de la evolución de la obra tanto como el resultado final, el docente debe estar atento al proceso del alumno, y revisar desde la distancia. El alumno debe aprender a parar y mirar atrás, atendiendo no tanto a los resultados como a las distintas fases por las que va pasando, entendiendo cada etapa del proyecto como una conclusión en sí misma y punto de apoyo de la siguiente.

La conclusión no es cómoda, y es que a crear no se enseña. A crear se empuja, se reta, se riega, pero siempre desde una distancia infranqueable, aceptando lo personal e individual que tiene la creación, que trasciende al objeto creado y se nos dibuja como misterioso.

Rocío Calzado

[1] enlace a pdf: http://www.medellindigital.gov.co/Mediateca/repositorio%20de%20recursos/Zweig,%20Stefan%20(1881%20%E2%80%93%201942)/Zweig_Stefan_El%20misterio%20de%20la%20creaci%C3%B3n%20art%C3%ADstica.pdf)

Fotografía: curso preparatorio de Josef Albers en la Bauhaus. http://anabelchi.blogspot.com.es/2010/06/josef-albers.html

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