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Violeta Lanza Robles

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Religiones

Otra teología es necesaria Entrevista a Juan José Tamayo

Tamayo (centro) junto a los teólogos Rubem Alves (derecha) y Leopoldo Cervantes (izquierda)

Sotanas negras y cónclaves en los que mentes sesudas se esfuerzan por poner límites al disfrute humano. No creo exagerar si digo que ésa es, para muchos, la percepción social de la teología y del pensamiento cristiano en general. Pero es fácil quedarse en la crítica cómoda y hacer oídos sordos a las voces, cada vez más numerosas, que reclaman la separación del mensaje cristiano original de ciertos esquemas doctrinales. Juan José Tamayo (Amusco, Palencia, 1946) es una de esas voces: licenciado y doctor tanto en teología como en filosofía, desde la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid defiende un mensaje cristiano muy ligado a la liberación de los excluidos, a la teoría de género y a la ecología. 

La teología, como disciplina teórica, parte de una premisa clara: la existencia de Dios. Teniendo en cuenta que parte importante de la población niega la verdad de esta premisa, ¿por qué debería importarles la teología?

El concepto ‘teología’, etimológicamente, es el ‘logos’ sobre ‘theos’: un discurso sobre Dios. Ciertamente creo que esa etimología es correcta, pero resulta demasiado reducida porque la teología reflexiona sobre Dios, pero también sobre la religión, la espiritualidad y sobre todo aquello que tiene que ver con el mundo de lo sagrado. Esas cuestiones no implican el presupuesto de la existencia de Dios, sino una reflexión sobre Dios independientemente de su existencia, y sobre la funcionalidad cultural, política, social, económica y simbólica de las imágenes que se han ido construyendo sobre él a lo largo de la Historia. La teología tiene su propia autonomía, pero debe cultivar la interdisciplinariedad, si no quiere quedarse en un discurso autista: sociológicamente, estudia la relación entre las creencias religiosas y la sociedad; a nivel psicológico estudia las motivaciones para creer… Pero incluso en su sentido más estricto no presupone la existencia de Dios, sino que analiza el recorrido del pensamiento religioso y filosófico, y del pensamiento secular, sobre el problema de Dios en las diferentes cosmovisiones.

Para un no creyente no intelectual, la teología no es importante, pero es que tampoco suele serlo para un creyente no formado. Pero yo creo que en el mundo intelectual debe serlo porque la religión ha conformado la identidad cultural de no pocos pueblos. A lo largo de toda la Historia, ha ido acumulando una serie de conocimientos en relación con el mundo de las creencias en el que hay un auténtico poso cultural. En los textos sagrados que estudia la teología cristiana y en los de cualquier religión –los Avesta, de la religión irania, el Libro de los Muertos de la cultura egipcia, los Vedas, los Upanishads o la Mahábharata del hinduismo, los mitos de las religiones griega y romana, los mitos, los ritos y las utopías de Abya-Yala- hay una riqueza extraordinaria. En los distintos géneros literarios, que pueden ser el épico, el mítico, el poético, el narrativo, moral… se esconde una extraordinaria riqueza antropológica y cósmica. Esos libros han planteado los grandes problemas del ser humano sobre el origen, el destino, el sentido y sin-sentido de la vida, la muerte, etc. de manera muy concreta y específica con la formulación propia de su contexto. Esa riqueza no puede dilapidarse, ya que constituye el ADN de nuestra existencia. Si la olvidáramos, nos empobreceríamos como seres vivos, como seres humanos, como seres culturales y creadores de símbolos.

La teología tiene que lidiar con críticas a su incoherencia: puede llegar a conclusiones frontalmente opuestas. Por un lado, el catecismo de la Iglesia católica defiende la integridad del embrión desde la concepción[1], y el carácter objetivamente desordenado de la homosexualidad[2]. Al mismo tiempo, la “otra teología” que tú defiendes no estaría en absoluto de acuerdo. ¿Pero ambas teologías salen de unos mismos evangelios?

Los textos religiosos, de cualquier religión, constituyen una lectura de determinados fenómenos en un determinado momento y contexto histórico. No son objetos sagrados que requieran veneración cultural. Aceptar un texto en su literalidad sería una manera fundamentalista e integrista de lectura, y a mi juicio equivocada. Los textos históricos –y todos los son de una u otra forma- necesitan una hermenéutica histórico-crítica, y ésta no es uniforme sino plural por la propia naturaleza de todo discurso. Lo mismo se puede decir que cualquier texto de la filosofía, que admite una interpretación plural y da lugar a diversas escuelas hermenéuticas. Algunos ejemplos. Del pensamiento de Hegel surgieron dos tendencias: los hegelianos de izquierdas y de derechas. También la lectura posterior del marxismo ha desembocado en dos tipos de marxismo: el ortodoxo y cientista, y el utópico-humanista. Lo mismo puede decirse de Kant, Aristóteles, Tomás de Aquino, Platón, Agustín de Hipona… Los textos de estos filósofos no conforman un sistema cerrado que obligue a acatarlo acríticamente a quien se considere su seguidor, sino que han derivado en diferentes interpretaciones.

El texto sagrado es la elaboración teórica de una religión en su momento originario, de acuerdo con las categorías propias de esa época y conforme al tipo de relaciones sociales, culturales y económicas vigentes en ese momento histórico. Uno de los errores que a mí me parecen más graves en la historia del cristianismo es fundamentar los dogmas en textos religiosos originarios. Los evangelios, o las cartas de Pablo de Tarso, no son textos dogmáticos, sino que utilizan diferentes géneros literarios –parenético, simbólico, narrativo, sapiencial, histórico, épico, mítico, etc.- y todos ellos están influidos por el contexto en el que son elaborados. ¿Cómo se puede deducir de cualquier palabra de Jesús el fundamento de un dogma cristiano, cuando Jesús hablaba en parábolas, utilizaba un lenguaje simbólico, vivía una experiencia vinculada a la realidad de su tiempo y a su historia? Jesús no es un maestro en teología, ni un definidor de dogmas, sino un narrador de parábolas y un educador popular que recurre a diferentes formas del lenguaje para transmitir un mensaje que cree que puede contribuir al reconocimiento de la dignidad y la libertad de los seres humanos, a la liberación de su pueblo, y especialmente de los excluidos empobrecidos, pecadores, publicanos, mujeres, etc. Es legítimo que unos mismos textos remitan a diferentes interpretaciones e incluso a muy diversas formas de vida. El error está en considerar que una determinada interpretación es la única, la verdadera y la que tiene que ser aceptada por todos los creyentes. Eso se llama fundamentalismo.

Tu labor está muy ligada a la teología de la liberación, una de las corrientes más creativas del pensamiento cristiano nacidas en el Sur, lejos de los centros de poder político, económico y religioso, con señas de identidad y estatuto teológico propios. Pero creatividad e interpretación correcta no siempre van unidas… ¿Realmente el mensaje de Jesús abarca conceptos tan novedosos como la ecología, el feminismo, la teoría queer?

No se puede extrapolar una ideología de un momento histórico, retrotrayéndola a otro anterior. Eso es anacronismo. Por ejemplo, es un error decir que Jesús fue un feminista, un ecologista, un defensor de la teología de la liberación o de la teoría queer. Sin embargo, sí se puede decir que en el movimiento originario de Jesús de Nazaret, en sus propuestas éticas, políticas y sociales, en su concepción de la religión y en su relación con la naturaleza hay una serie de líneas en perfecta sintonía con todas estas corrientes a las que te has referido. Ciertamente no se puede decir que Jesús fuera feminista, pero sí que defendió la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Lo demostró incorporando a su movimiento igualmente a hombres y mujeres y reconociendo su dignidad, su libertad y su papel importante. Sí se puede afirmar que en el origen del movimiento igualitario de Jesús de Nazaret hay un grupo de mujeres, liderado por María Magdalena, que se habían liberado del patriarcado y no querían depender de un varón. Tenían su propia autonomía y compartían las comidas en común, que constituyen una de las más importantes prácticas de Jesús recogidas en los evangelios y que están en el origen de la eucaristía como celebración comunitaria del compartir. Y si la resurrección es el fundamento y el principio de la Iglesia cristiana, habrá que afirmar que en el origen de la Iglesia cristiana se encuentra el testimonio de la resurrección que dan unas mujeres, que son las primeras que tienen la experiencia que luego van a transmitir a los apóstoles.

En el tema de la liberación creo que sucede lo mismo. No se puede decir que Jesús fue un teólogo de la liberación porque hacerlo es proyectar unas categorías propias de los últimos cuarenta años surgidas en el contexto cultural de América Latina, y proyectarlas 20 siglos atrás. Sin embargo, sí se puede decir que en el origen de la teología de la liberación se encuentra el modo de ser, vivir y actuar de Jesús de Nazaret ante la realidad y los poderes de su tiempo: el político, económico, cultural y religioso. Su actitud frente al poder fue de denuncia, lo que le ocasionó la condena a muerte por el Imperio romano y la posterior ejecución, y su actitud ético-social, la opción por los excluidos.

Este Jesús que me presentas es un Jesús al que desde luego no calificaría de conservador. En cambio, la imagen social del cristianismo, su cara visible -las jerarquías eclesiales, los dogmas- es el conservadurismo.

Sí es verdad que a Jesús se le ha asociado con posiciones conservadoras, pero ésa es sólo una parte de verdad. Ha habido otra serie de movimientos dentro de la institución que han ofrecido otra imagen mucho más abierta, renovadora, crítica y alternativa de Jesús de Nazaret. Además, creo que esa imagen puede cambiar dentro de la propia institución. Te pongo un ejemplo: hace 50 años Pier Paolo Pasolini, director de cine italiano, dirigió la película ‘El Evangelio según San Mateo’. Un evangelio totalmente desnudo, presentado con toda radicalidad, sin interpretación, presentando las escenas descritas en unos lugares que se corresponden estrictamente con los de aquella época. La vi siendo muchacho, y me fascinó y despertó en mí la conciencia social y el compromiso con los excluidos que emana directamente del evangelio. Pues la película fue condenada. Se acusó al director de blasfemo, se dijo que era un irrespetuoso y un irreverente, y que no reflejaba la auténtica figura e imagen de Jesús. Se le criticó por ser comunista, porque aunque dirigió la película en plena celebración del Concilio Vaticano II, esa sensibilidad y esa vinculación de Jesús de Nazaret con un compromiso liberador, con un proyecto de sociedad igualitaria, todavía no estaba suficientemente desarrollado en la Iglesia. Pues bien, 50 años después, L’Osservatore Romano ha considerado que es –cito literalmente- “una obra maestra y, probablemente, la mejor película jamás hecha acerca de Jesús”. Hay, en la película, sigue diciendo el órgano oficial del Vaticano, “el fluir de la página evangélica” que la convierte en un “soplo expresivo religioso”. “Es una representación que toca las cuerdas sagradas y comienza con un realismo sincero”… La humanidad febril y primitiva qu el cineasta lleva a la pantalla confirma un nuevo vigor al verbo cristiano que aparece en este contexto actual, concreto y revolucionario. Por tanto, considerar que la institución vincula a Jesús de Nazaret con las tendencias más conservadoras, aun siendo cierto la mayoría de las veces y en la mayoría de las épocas de la historia bimilenaria del cristianismo, es muy matizable.

Francisco, el nuevo Pontífice, no deja indiferente a nadie. Mientras que unos lo alaban y ven en él el signo definitivo de cambio, otros creen que las novedades son aparentes, mera fachada. ¿Soplan los vientos de cambio definitivamente, o es un falso señuelo?

Mi percepción es la siguiente: creo que Francisco es un hombre que sabe ubicarse en el nuevo escenario político y religioso, quiere distanciarse de los dos pontificados anteriores y causar impacto en la sociedad a nivel mundial. Es consciente de que los dos pontificados anteriores supusieron un retroceso de la Iglesia católica a épocas y planteamientos anteriores al concilio Vaticano II: fueron los modelos de Iglesia neoconservadora, e incluso integrista, de Juan Pablo II y de Benedicto XVI, que acentuaron los aspectos doctrinales por vía dogmática y, en consecuencia, reprimieron a los teólogos y las teólogas que no seguían la orientación oficial. Eran modelos  desmesuradamente preocupados por cuestiones morales relativas al origen de la vida, al final de la vida, a la concepción de la pareja y a la sexualidad. Francisco considera que hay que abrir otros caminos. Y, aun no distanciándose de las cuestiones doctrinales y morales, no las considera como prioridades.. No es que sea crítico de los dogmas o de la moral tradicional, sino que para él el centro de atención es el mensaje social del cristianismo y pone ese mensaje al servicio de los excluidos por el sistema.

Me parece que ahí es donde él ha acertado: en situarse de lado de los sectores marginados de nuestra sociedad. Por eso es una persona tan sensible al problema de la inmigración, las relaciones norte-sur, la pobreza y la guerra, la injusticia, la creciente inequidad. Todas aquellas cuestiones en las que cree que el cristianismo puede aportar unos mínimos de humanidad, de justicia, de misericordia, de compasión y solidaridad que no detecta en los climas culturales actuales, ni siquiera en los políticos socialdemócratas. Más allá de eso, no creo yo que vaya a llevar a cabo cambios importantes en la estructura y organización de la Iglesia católica.

 

La reforma de la Iglesia, manteniendo su actual estructura, es imposible. No se puede realizar salvo que se democratice, y la democratización consiste en que todos los creyentes puedan emitir su propio juicio y voto a la hora de elegir a sus representantes. En que puedan intervenir y exponer sus opiniones razonadas en cuestiones fundamentales a la hora de elaborar los principios doctrinales, los problemas morales, las cuestiones organizativas: esto tiene que ser fruto de un debate abierto, en la línea de  la razón dialógica de Jürgen Habermas.

La reforma de la Iglesia es imposible si no se lleva a cabo un proceso de participación de todos los creyentes. ¿Los cauces? Ahora mismo no sé cuáles serían, pero claro que existen. ¿Y cómo van a intervenir o participar todas y todos los creyentes? Y ¿por qué no? Para mí, en este proceso de democratización que es el punto de partida de la reforma de la Iglesia, y que es muy difícil llevar adelante, el fenómeno más escandaloso sin duda ninguna es la exclusión de las mujeres. No son consideradas sujetos morales, porque la doctrina moral la elaboran varones conforme a unos principios patriarcales. No son sujetos teológicos porque la doctrina teológica también la elaboran varones, a partir de una Congregación para la Doctrina de la Fe que impone una autoridad que no necesariamente es la que mejor responde al espíritu originario del cristianismo. No son sujetos religiosos ya que no pueden acceder a la esfera de lo sagrado si no es través de la mediación de los varones (sacerdotes, obispos, papa…). No son sujetos eclesiales ya que no pueden ejercer funciones directivas, ni asumir puestos de responsabilidad en la comunidad cristiana. En este terreno Francisco parece que va a mantener similares planteamientos excluyentes de las mujeres que sus predecesores. Por si las teólogas y los teólogos feministas nos hubiéramos hecho ilusiones –yo, ciertamente, no- ya ha cerrado la puerta de acceso de las mujeres al ministerio sacerdotal. No parece que sea una actitud muy inclusiva. Más bien, resulta abiertamente excluyente.

Hasta ahora ha habido una oportunidad de cambio, que ha sido cortar de raíz con la continuidad de los cardenales. Francisco ha nombrado a un nuevo grupo de cardenales que proceden de todo el mundo, es verdad, pero eso no es reflejo de la universalidad de la Iglesia, ya que no dejan de ser príncipes de la Iglesia en lugar de representantes del pueblo. Otro ejemplo de negativa a democratizar a la Iglesia: ha creado una comisión de ocho cardenales para la reforma de la Iglesia, pero en ella no hay un solo teólogo ni una sola teóloga, ni un solo seglar, tampoco hay representantes de las congregaciones religiosas consistentes: franciscanos, dominicos, jesuitas, carmelitas, agustinos… De modo que por ahí lo veo difícil; ahora, en el otro campo sí. Como ahora mismo hay una crisis tan fuerte de liderazgo en el mundo político y de liderazgo moral en el ámbito cívico, yo creo que el Papa destaca y brilla con luz propia, y creo sin duda ninguna que por sus propios méritos. Claro que tiene una oportunidad que no quiere perder, y hace muy bien.

 

Entrevista: Violeta Lanza

[1] Número 2270 del catecismo de la Iglesia Católica

[2] Número 2358 del catecismo de la Iglesia Católica

Literatura

Poesía y Humanismo Entrevista a Luis Alberto de Cuenca

Foto: ©José del Río Mons

1 de junio de 2014.

Cuestionemos el mito del artista arquetípico: hay al menos tantas maneras de ser creador como maneras de hacer tortilla de patatas. Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950) transgrede lo predecible en muchos sentidos: su poesía aúna originalidad y herencia clásica, su labor pública dista de las líneas ideológicas típicamente asociadas a la cultura. Doctor en Filología Clásica (1976) y académico de número de la Real Academia de la Historia, ha desempeñado los cargos de director de la Biblioteca Nacional (1996-2000) y Secretario de Estado de Cultura (2000-2004). Su figura está tan consolidada que a algunos les costaría creer que es un poeta vivo…

¿Vivir del arte es vivir del cuento?

El cuento es el heredero profano del mito, y el mito es la creación más importante, el hallazgo conceptual de más envergadura que ha realizado el homo sapiens sapiens a lo largo de sus más de cien mil años de historia. De modo que “vivir del cuento” es una maravilla fronteriza con lo sagrado. Si el arte propicia ese tipo de existencia, bien venido sea el arte. Me dan lástima aquellos que no han experimentado la sensación de vivir en el reino del “había una vez” alguna vez.

La lírica tiene infinitos caracteres. Así como los versos de Otero “muerden la mano de quien los pasa por su hirviente lomo”, ¿a qué invita la poesía de Luis Alberto de Cuenca?

Eso tendrían que decirlo los hipotéticos lectores de mi poesía. Adoptando yo mismo ese papel, porque también me leo de vez en cuando, mi poesía invita a pasar un rato agradable leyéndola, a tropezarse continuamente con los clásicos y con las lecciones que de ellos he aprendido y trasladado a mis versos, a extraer enseñanzas para la vida cotidiana en cuestiones de amor, amistad, odio, etc., a emocionarse (en la medida en que los temas que aborda son los de siempre, y los temas de siempre suelen emocionarnos), a sacar conclusiones sobre la complicidad entre “gran” cultura” y cultura popular… Y, sobre todo, a que quien la lea no se aburra, porque lo cierto es que muchos lectores piensan que la poesía, en general, es aburrida, confusa, hermética, “silenciosa”, y en el caso de mi poesía yo creo que no es así.

¿En qué medida tus estudios de filología clásica influyen en tus procesos creativos?

Todo lo que he hecho en mi vida ha influido decisivamente en mis procesos creativos. También mis estudios de filología clásica. Tanto que hay por ahí dos libros y varios artículos que tratan sobre la influencia del mundo clásico en mi poesía. Es imposible conocer la lengua y la cultura de griegos y romanos y no quedar tocado por la varita mágica del mundo que forjaron. Al fin y al cabo, la Historia del hombre se divide en dos partes: antes de los griegos y después de los griegos. Ninguna revolución ha conmovido tanto los cimientos de la humanidad como la civilización helénica. Ellos fueron los primeros en preguntarse por el ἀρχή del universo, los que inventaron el amor, los padres de la lírica y de la épica, los filósofos primordiales. ¿Cómo no iban a influirme?

¿Puede concebirse la traducción poética sin la reinterpretación, e incluso la creación original, por parte del traductor?

Siempre que traducimos un poema a otra lengua estamos escribiendo un nuevo poema. El milagro que se produce cuando el traductor es lo suficientemente hábil, lo suficientemente sensible y lo suficientemente buen conocedor de la lengua de partida y de llegada es que el poema traducido, sin dejar de ser otro poema, es, a la vez, el mismo poema que se traduce. Cuando Jorge Guillén vierte al español “Le cimetière marin” de Valéry está inventando otro cementerio marino que, al mismo tiempo, es el mismo cementerio marino del poeta francés. Borges rotuló uno de sus libros de poemas, tal vez el más alto, “El otro, el mismo”. En la traducción poética no debe descartarse ese milagro, aunque no sea habitual.

El reconocimiento social de las Humanidades no está en auge. Más allá de un interés gremialista, ¿puede justificarse su necesidad?

No puede ni debe justificarse. Como no debe justificarse la necesidad de respirar, de amar, de temer a la muerte, de procrear, de reír, de llorar, de cualquier otra actividad anímica y/o física que nos constituya como seres humanos. Las Humanidades deberían presidir el curriculum académico de nuestros jóvenes, más allá de la torpe división entre Ciencias y Letras y todas esas zarandajas. Todo quisque tendría que aprender latín, griego, historia de la literatura, historia del arte e historia de la filosofía en el colegio (observa cómo reivindico la palabra “historia” al comienzo de cada disciplina), independientemente de lo que vaya a estudiar después en la universidad. Las Humanidades son el pilar básico sobre el que se levanta la idea de hombre. Sin ellas no seríamos más que sombras estúpidas e inanes.

Son muchos los poetas del siglo XX español que se asocian, ideológicamente, con la izquierda. ¿Qué responderías a la afirmación “Luis Alberto de Cuenca es de derechas”?

Respondería que Luis Alberto de Cuenca es liberal y conservador a la vez, y que eso tiene que ver con el radical escepticismo que siempre he esgrimido y del que siempre he hecho bandera. Borges (una vez más) solía repetir que un sano escepticismo conduce de manera irrenunciable a posiciones conservadoras. La mayoría de mis amigos son de izquierdas y, por tanto, creyentes. Con el tiempo quizá acaben reflexionando y adoptando posturas ideológicas más escépticas. Se lo deseo de todo corazón. Su fe es envidiable, pero peligrosa para los que no compartimos ese sistema de creencias. Pero si no reflexionan y continúan en la trinchera seguirán siendo mis amigos. Los sentimientos importan mucho más que las ideologías.

El diálogo entre cultura y política parece, en ocasiones, dominado unilateralmente por esta última. ¿Es utópico hablar de una defensa de la cultura en tiempos de crisis?

Me da la sensación de que la cultura y la política dialogan poco últimamente. Es raro ver políticos que defiendan el hecho cultural a machamartillo, sin fisuras. Y eso que la política es otro hecho cultural: no hay más que leer a Aristóteles para llegar a esa conclusión, a esa evidencia. En lo que me dices de los tiempos de crisis y de que podría ser utópico defender la cultura en tiempos así, te respondería que todos los tiempos son críticos, que asociamos la palabra “crisis” con la economía, pero que el concepto de crisis es mucho más amplio. Con todo, las crisis económicas han coincidido casi siempre, a lo largo de la Historia, con períodos muy fértiles en el campo de la creación cultural. El hecho de que los poderes públicos no tengan dinero para gastar en cultura no quiere decir, en modo alguno, que la cultura corra el riesgo de desaparecer. Tendemos a pensar en la cultura como en algo subvencionado o subvencionable. Poniendo un ejemplo: ¿por qué va a hacerse cargo el Estado de financiar el cine español? La cultura debe buscarse la vida en el ámbito de lo privado, de lo individual, de lo personal, que es su territorio.