El precio del arte Entrevista a Rosina Gómez Baeza

“Being good in business is the most fascinating kind of art”. La postura del icónico Andy Warhol y la continua subida de los precios en el mercado del arte contemporáneo ponen en cuestión si el arte es un producto más con el que especular. Graduada en Literatura y Filología Inglesa por la Universidad de Cambridge y Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, Rosina Gómez-Baeza dirige en la actualidad el vivero de industrias creativas Factoría Cultural en Matadero Madrid, donde The Bo Review trabaja desde abril. Desde su experiencia como directora de ARCO (1986-2006) y directora fundadora de LABoral, Centro de Arte (2006-2011), Gómez-Baeza afirma que la calidad del arte contemporáneo no está en venta.

El pasado noviembre se vendió en Christie’s la obra ‘Three studies of Lucian Freud’, de Francis Bacon, por el precio más elevado de la historia (142,405,000$) ¿Suben los precios por un mayor aprecio del arte, o es pura especulación?

Como gestora cultural, creo que realmente es la pieza lo que atrae la mirada de los grandes museos y de los coleccionistas. Una pieza importante es “rara avis”, y cuando aparecen obras muy seleccionadas pertenecientes a grandes colecciones o  herencias, el coleccionista y los grandes museos se vuelcan, es decir, responden a esa oportunidad. La subida de los precios se debe también a la entrada de grandes capitales provenientes, por ejemplo, de China o Rusia. Esta última ha sido siempre una nación amante de las artes, donde existe mucho apoyo por parte de las grandes fortunas y que persigue adquisiciones muy refrendadas. El dinero en estas ocasiones no es un problema, el problema, en realidad, es encontrar esas grandes obras. Por ello, cuando surge una, la demanda es muy fuerte y el precio se eleva.

Hay distintos compradores de arte, existe una gran diferencia entre un comprador ocasional y un coleccionista. El coleccionista es aquella persona que, de manera reiterada y constante, va definiendo su propia identidad a través de las obras que adquiere. Podemos conocer momentos anímicos, sus intereses fuera del ámbito del trabajo… toda esa dimensión tan humana se traslada a través de la selección de obras. Una colección brinda a otros la oportunidad  de compartir intereses, conocimientos y experiencias y  también esos  momentos de extraordinaria introspección del ser. La figura del coleccionista es muy diferente de la del inversionista, aquel que especula con el arte. Sin embargo, La peau de l´ours, (1904-1914), el primer fondo de inversión en arte, dio a conocer y refrendó, en 1914 mediante subasta, las nuevas vanguardias, con obras de Picasso y Matisse, entre otros.  No desdeñemos tampoco  figura del aficionado al arte, aquel  que poco a poco va reuniendo sus “tesoros”, conviviendo con ellos y disfrutando con su contemplación.

Entonces, el precio de una obra en el mercado no afecta a la opinión general sobre su valor artístico…

No, son aspectos independientes. Los grandes centros museísticos y los buenos coleccionistas no valoran el precio de mercado de cada obra que se expone o se posee. Es cierto sin embargo que, en la configuración de las colecciones, el precio cuenta. Son muchos los coleccionistas que dicen: “De tal artista ya no puedo adquirir la obra”; pero en el conjunto de los museos y la crítica, el precio no se tiene en cuenta al valorar las obras. Es un dato que responde a un gusto y  a un momento determinado de la vida de la pieza.

Sin embargo se acusa a muchos artistas, como Damien Hirst, de guiar su obra por el éxito en el mercado del arte. ¿Conduce esto a la creación de obras  de menor profundidad artística?

La calidad en el arte es siempre una prioridad, si no hay calidad no puede haber  coleccionismo serio. Otra cosa es que un artista -has citado a Damien Hirst- haya aprovechado su extraordinaria visibilidad en el mundo para lograr grandes sumas de dinero. Tras contar con el apoyo inicial de Charles Saatchi, gran coleccionista, publicista y a la vez avezado hombre de negocios, Hirst pasa a ocuparse de su propia obra. Se trata de la idea del artista como representante de sí mismo, algo que también ha ocurrido en otros tiempos. En este caso Hirst, un poco a la manera de Warhol, es consciente de que puede atraer la mirada de muchos. Juega con esta oportunidad, existe un cierto divertimento en su manera de proceder, como en el caso del gato que juega con el ratón: imponiendo sus propias reglas y amasando en el proceso una gran fortuna. ¿Interesan o no sus piezas? Sólo puedo decir que ha tocado algunos de los temas que preocupan o se refieren a nuestra  sociedad y que sus obras están en grandes colecciones y museos.

En cualquier caso, la inflación que experimenta el mercado del arte contemporáneo, estimada en un 800% entre 2003 y 2008[1], deja el arte contemporáneo a disposición de unos pocos. ¿Ante esta situación, qué papel puede desempeñar hoy el museo?

Creo que el trabajo de los museos es primordial a la hora de consolidar el arte moderno, contemporáneo  y actual, ya que son intermediarios en el diálogo del artista con la sociedad. Los museos son espacios abiertos a la ciudadanía, que cuidan celosamente el patrimonio cultural de distintas épocas. Hoy el Museo Reina Sofía tiene colas, y si bien hay muchos otros museos que no tienen ese número de visitantes, los museos están consolidando sus programaciones de manera muy eficaz.

Cuando los colegios se olvidan de formar a alumnos en Humanidades, el museo surge  como privilegiado exponente de una creación artística interdisciplinar, estudiando, investigando, conservando y difundiendo  distintas manifestaciones de las disciplinas artísticas como son las artes visuales, el cine, la literatura, el teatro, la música, la arquitectura. Todo este mundo multidisciplinar pertenece y se incluye habitualmente en la programación de los museos.

No es sólo el papel de los museos el que parece estar cobrando dimensiones nuevas, ya que en las últimas décadas hemos presenciado la aparición de colectivos de artistas, como el Equipo Crónica, que desarrollan su obra en común. ¿Está quedando obsoleta la figura del artista como individuo aislado?

No lo creo, ambos son caminos válidos; por un lado está el artista y su obra, entendiendo “su obra” como su trabajo individual y único; por otro lado encontramos al artista que participa de una acción más comunitaria, alejándose de los soportes más tradicionales, y configurando otras relaciones, otros circuitos, más próximos al quehacer y a las preocupaciones diarias de las personas. Estas acciones, manifestaciones políticas o de apoyo a determinadas causas, son también una parte integrante del panorama artístico actual y que cada vez se está reconociendo más, por el valor que tienen las aportaciones del artista a la comprensión de nosotros mismos, del otro y de nuestra sociedad en conjunto.

La TATE Modern se posicionó en 2013 como la segunda atracción turística más visitada de Londres[2]. ¿Significa esto que el público general está perdiendo gran parte del escepticismo que existía hacia el arte contemporáneo, en comparación con el clásico?

La tarea de promover el arte contemporáneo es complicada porque es el más difícil de comprender. Al arte moderno, hasta la Segunda Guerra Mundial, inconscientemente le hemos dado más tiempo. Tenemos ya la retina acomodada a esas imágenes, a la ruptura, por ejemplo, del  cubismo o el expresionismo.

Nos cuesta identificarnos con los mensajes más críticos de los artistas, porque es más complicado olvidar la palabra “belleza” e introducirnos en el significado de la pieza. Nuestra retina está acostumbrada a contemplar obras de alto componente estético realizadas por los grandes maestros del pasado por lo que asociamos el arte a la belleza. Pero nuestro tiempo no se limita al concepto de belleza. El poeta y dramaturgo inglés Ben Jonson (1572-1637) mantenía que el primer estudio del hombre debía de ser el hombre y, en esta dirección, los artistas conceptuales nos hablan sobre un mundo de ideas, queriendo transmitirnos, a través de sus obras,  toda una serie de reflexiones, preocupaciones y críticas.

 

Rocío Calzado López

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[1] Ver “La Gran Burbuja del arte contemporáneo” dirigido por Ben Lewis.

[2] http://m.bbc.com/news/entertainment-arts-21739486

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