En un contexto de crisis económica, desigualdades sociales cada vez más acentuadas  y desempleo, ¿sigue teniendo vigencia la belleza como fin arquitectónico? Alberto Campo Baeza, arquitecto español de gran reconocimiento internacional, Catedrático de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Madrid y Académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, defiende una arquitectura real que entiende el lugar como primer ingrediente del proyecto.

Su arquitectura se ha relacionado en muchas ocasiones con la poesía. ¿Se apoya usted en dicha disciplina durante el proceso de creación arquitectónica  o entiende la relación con la poesía en una lectura a posteriori, relacionada con la experiencia  propia?

La pregunta es muy adecuada, pero el tema es mucho más sencillo. Cuando yo personalmente comparo la poesía con la arquitectura es para hablar de la precisión; algo que entiendo como común a ambas artes. Es Algo más general que la idea de que yo me pueda poner a leer poseía mientras haga arquitectura o después cuando termine una obra.  

Se piensa muchas veces que la arquitectura nace de una especie de gesto artístico. Entendiendo por «artisticidad» algo puramente intuitivo y gestual; un suspiro, y en un minuto, viene el genio y hace una obra de arquitectura. Pero la realidad es muy distinta. Creo que es más fácil entender que la poesía requiere también esta enorme precisión y no es un tema de verso libre donde se vayan poniendo palabras. Por eso hago esta comparación y, por eso, hablo de poesía.

La poesía es algo construido y necesita una métrica. Esta métrica es endemoniada y compleja.  No es baladí – que diría un cursi-  el que a lo largo de muchos siglos la poesía se haya  apoyado en el soneto: una forma poética que tiene una serie  de cualidades de equilibrio, de tiempo, de ritmo… que son muy próximas al ser humano. En un soneto, las palabras están colocadas con enorme precisión. Si en cualquier poema cambiamos de orden las palabras, aquello que era emocionante deja der serlo. En una obra de arquitectura pasa algo parecido, y por eso es tan importante esta precisión.

Es autor de muchos textos que rondan la idea de belleza, de búsqueda de la libertad, de la verdad. ¿Cómo pueden encajar estas ideas, en apariencia tan sublimes, en un contexto arquitectónico-económico-social como el actual?

En la vida del hombre es siempre compatible lo más ruin con lo más sublime, porque así somos los seres humanos. Existen muchas labores creadoras que tienen como objetivo esta búsqueda de la belleza. Tal es el caso concreto de la arquitectura. Nosotros podemos, de la mano de Platón o de la mano de San Agustín, volver a decir una vez más que la  belleza es el resplandor de la verdad. Esto no es solo una frase redonda. Vitrubio habla de la Utilitas, de la Firmitas y de la Venustas, como los tres principios sobre los que descansa la arquitectura. La Venustas es la belleza, y para que sea válida deberán primero darse obligatoriamente por cumplidas la función y la rigidez del edificio. Recuerdo a un arquitecto japonés, muy conocido ahora, con  una casa que se desarrolla toda ella a lo largo de una escalera de madera, donde  muchos jóvenes arquitectos se miran y entienden que quizás sea eso la nueva arquitectura. Como escultura yo creo que es preciosa, también lo es como instalación, y para hacer una performance es perfecta. Pero no lo es para vivir todos los días. La función de una casa es dar alojo y hacer que la gente que ahí viva, viva feliz. Una casa donde para ir al baño tienes que bajar 50 escalones puede ser muy simpática o muy bonita, pero no sirve como vivienda. Y a esto me refiero cuando digo que primero han de ser cumplidas esa utilitas (esa función) y esa firmitas que antes mencionaba.  

La belleza es algo misterioso, es inefable, difícil de explicar, pero no infalible; porque sí es alcanzable. La belleza no está reservada a unos señores elevados. Velázquez, por ejemplo, era un tipo normal, simpático, cuyo trabajo era ser aposentador del rey y realizar tareas como ir a Italia a comprar cuadros para la corte, es decir, no flotaba. Tampoco lo hacía Bernini, que se pegaba una buena paliza yendo a París para poder hacer el Louvre y se volvía finalmente con «el rabo entre las piernas», perdóneseme la expresión, sin llegar a realizarlo nunca. Bernini era sencillo, un tipo devoto, que, como cualquiera, tendría sus cosas, y sus peleas con Borromini de vez en cuando. Pero uno coge las obras de Bernini y son, como dicen los italianos: ‘da morire’ (son de morir, son maravillosas). ¿Hace falta que uno ande flotando para llegar a esto? No, como ya he dicho, tanto Bernini como Velázquez eran  tipos normales, valiosísimos; pero no iban con batón, ni flotando, como van ahora algunos de estos arquitectos del ‘Starsystem’ [1] que a mí me ofrecen muchas sospechas.

 

¿En qué medida se ven sus proyectos afectados por las características espaciales del lugar donde se sitúa?

Completamente. No se puede empezar a trabajar sin conocer perfectamente el sitio, el paisaje, la naturaleza o la ciudad donde se localiza el proyecto. La arquitectura no debe ser nunca algo cruel o impuesto. Hay un diálogo de la pieza arquitectónica con el lugar. Si un lugar es hermosísimo, uno se abre. Si uno tiene el horizonte lejano, uno puede abrirse de otra manera. Si el lugar es feo, uno se cierra, siempre manteniendo un diálogo aunque cada vez sea de manera distinta.

Ahora ahora tengo la suerte de tener un encargo de larga duración en Gaucín, el primer pueblo de Málaga pasado Cádiz. En el lugar donde vamos a hacer la casa hay una precisa orientación desde la que uno puede ver África delante, en un plano más próximo el peñón de Gibraltar y en un primer término un precioso valle.  Claramente toda la casa va a bascular sobre este tema. ¿Y cuál es este tema? Alguien que haya visto algo de mi obra podría preguntarse, ¿no estaba usted con el tema de la plataforma…? La respuesta es un rotundo «no». Los primeros ingredientes de un proyecto serán siempre el lugar, la orientación, el sitio y la altura. En el proyecto que hicimos en la playa de los alemanes en Zahara, una vez entendimos el paisaje estando delante de él, decidimos bajar un metro la posición que ya tenía la casa. Porque la manera en que la casa subrayaba el paisaje del mar era  más preciso un metro más abajo que un metro más arriba.

 

¿Existe una arquitectura directamente ligada a la comprensión de la cultura como puede haber sido el caso de De la Sota en España o Álvaro Siza en Portugal, en contraposición con otra arquitectura más fácilmente extrapolable a distintos continentes?

No existe una arquitectura universal que valga para todo: la arquitectura dialogará siempre con el paisaje, dialogará con la temperatura, con la cultura, con la naturaleza… Uno no puede hacer un Mies en una selva africana, claro, pero tampoco hace falta que se vista de zulu para estar en la jungla.  Igual que no comparto la arquitectura de los arquitectos del ‘Starsystem’, tampoco comparto la idea de que ahora la arquitectura de un grupo de arquitectos «contextuales» sea la que verdaderamente respete la naturaleza y el entorno por hacerlo todo con ladrillo u hojarasca. Mies consigue integrar de manera maravillosa la Casa Farnsworth  [2] en la naturaleza. No sólo porque levante esa plataforma sobre la que se asienta la casa un metro y pico sobre el suelo para que el plano quede a la altura de los ojos y se convierta en una línea perfecta. Es que la casa está dentro de un parque y con la transparencia que consigue sustituyendo los muros por vidrios lo que hace es potenciar totalmente esta naturaleza. Con toda seguridad, la Casa Farnsworth respeta mucho más  la naturaleza que cualquier casita con tejado a cuatro aguas, con ventanitas pequeñitas y que pueda ser referida como «cottage». Existen unos medios, y deben utilizarse para potenciar esa naturaleza aún más.

¿Cree que podemos proyectar arquitectura en un lugar y una cultura que nos sean ajenas, y llegar a alcanzar el mismo nivel de precisión que construyendo en un lugar que nos sea más próximo?

Creo que el hombre tiene la suficiente capacidad de abstracción o de entendimiento, para poder afirmar que esto se puede hacer. Lo simplificaré con esta idea: si uno se va al Polo Norte se llevará un abrigo y, sin embargo, cuando uno va a Honolulu se lleva el bañador. La comprensión del sitio es universal, pero porque la naturaleza es universal y hasta podríamos decir que la comprensión es relativamente sencilla.

Ahí podríamos hablar de un tema que a mí me parece precioso: la luz. En el  polo Norte, por seguir con el ejemplo, la luz es homogénea. No tiene nada que ver con la luz sólida que atraviesa el óculo del Panteón en Roma. El óculo del Panteón  puede ser atravesado por esa luz porque estamos en una latitud donde el sol funciona así, pero si nos vamos por ejemplo a una latitud más alta, la luz será más homogénea y tendrá que trabajarse de otra manera.

Se entiende que también será determinante la temperatura del lugar, pues no es lo mismo trabajar en la selva de Quitos que trabajar en Copenhague. La cultura del lugar es también importante, evidentemente. No será lo mismo tampoco trabajar en Zamora [3], frente a la catedral, que trabajar en Ponzano para hacer la guardería de Benetton [4]. El proyecto que hice para Tom Ford lo hice en adobe, por ejemplo, porque estábamos en Nuevo Méjico. Existe comprensión del sitio que será a su vez comprensión de la cultura, y para esto hace falta muchísimo tiempo. Igual que el arroz necesita tener 10 minutos de reposo, y uno no se lo puede poner directamente desde la cacerola. Igual que el vino tiene que reposar después de haber sido abierto. La arquitectura necesita tiempo.

 

Coincido con usted en que la arquitectura necesita mucho tiempo. Sin embargo, en un contexto en el que existen estudios de arquitectura que, en cortos periodos de tiempo, realizan proyectos en distintas partes del mundo, pongo en duda que realmente puedan llegar en cada caso al nivel de comprensión del lugar que se precisa.

No ocurre, y precisamente por eso les sale así de regular o mala su arquitectura. ¿Qué arquitectura merece la pena? En mi opinión merece la pena aquella que han hecho arquitectos con cierta serenidad o tranquilidad. La arquitectura no es una cosa de «aquí te cojo aquí te mato», la arquitectura necesita este tiempo del que hablamos. Abomino a los arquitectos del Starsystem porque pretenden que mientras hacen 100, 200 o 300 obras su arquitectura sea reconocida como profunda. Su arquitectura podrá ser brillante o hábil, pero la arquitectura que merece la pena, requiere y exige tiempo. La arquitectura que ha quedado  a lo largo de la historia son las obras que requirieron un tiempo largo de génesis  de ejecución y es entonces cuando se consigue que permanezcan las ideas. Eso, que yo lo he escrito alguna vez y que repetiré aquí, no porque sea una frase mía, sino porque creo que recoge bien esto de lo que hablamos: las formas desaparecen y se destruyen, las ideas permanecen.

 

Rocío Calzado López

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[1] http://elpais.com/diario/2008/04/12/babelia/1207957150_850215.html

[2]http://www.plataformaarquitectura.cl/cl/02-169324/clasicos-de-arquitectura-casa-farnsworth-mies-van-der-rohe

[3] http://www.campobaeza.com/offices-for-the-junta-de-castilla-y-leon/?type=catalogue

[4] http://www.campobaeza.com/daycare-center-for-benneton/?type=catalogue

 

Categories: Arquitectura

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