Ser LGBT+ en la España actual Entrevista a Manuel Ródenas

Manuel Ródenas es recibido por Su Alteza Real Máxima de Holanda

La cuestión de los derechos humanos es hoy candente. En ciertos países la involución es alarmante:  los casos evidentes de Rusia y Uganda ponen en cuestión qué significa vivir en el siglo XXI. En cambio España, en los últimos años, se ha convertido en un verdadero referente del progreso social… ¿o no es oro todo lo que reluce? Manuel Ródenas -coordinador del Programa de Información y Atención a Homosexuales y Transexuales de la Comunidad de Madrid (PIAHT)- recibe a The Bo Review.

Lleváis casi 12 años al pie del cañón en el PIAHT, atendiendo a las personas con un horario exhaustivo. Y no habéis cerrado ni un sólo día… ¿A pesar de los progresos recientes, la necesidad es aún urgente?

Cuando no paramos de recibir a personas, cuando a todas horas recibimos llamadas, es porque todavía queda mucho para llegar a la plena igualdad social y real. Las personas LGBT[1] siguen teniendo muchísimas dificultades: se sienten rechazadas en muchas situaciones, tienen problemas personales, tanto de su propio autoconcepto como en su entorno familiar, laboral y educativo. El problema no está del todo resuelto: si bien hemos avanzado a nivel legal en los últimos años, es cierto que la sociedad no ha evolucionado todo lo que debería.

Hay quien diría que la cuestión LGBT no está resuelta porque es en sí un problema.

El problema no es ni la homosexualidad, ni la bisexualidad, ni la transexualidad. Forman parte de la condición humana y de su diversidad. Lo que sí es rechazable es la LGTBfobia, porque se hace sufrir a personas sin motivo. Es la maldad gratuita la que no tiene justificación.

¿Es una cuestión de maldad o de ignorancia?

De las dos cosas, porque se puede ser ignorante y no necesariamente dañino. Aunque una mayor parte es desconocimiento, hay a quien le puede el prejuicio, la maldad y el encasillamiento en sus propios miedos. Pero también es verdad que, a medida que hay mayor conocimiento de la realidad, disminuyen los prejuicios.

Sigue habiendo muchísima estigmatización social. A todo el mundo le parece estupendo que un determinado personaje público y triunfador declare su homosexualidad, pero que  lo haga el vecino de al lado, el compañero de trabajo o el propio hijo/a  se sigue viviendo en muchos casos como un problema. No parece que los padres desde un primer momento estén encantados de compartir con sus amigos que su hijo o hija es homosexual, porque todavía sigue habiendo prejuicios. Hasta el día en que dejemos de hablar del tema, quedará mucho para que se vea con normalidad y naturalidad.

Actualmente estamos viendo que se dan grandes pasos en algunos países, pero por otro lado hay una involución en países como Rusia, supuestamente occidentalizado, donde la persecución es brutal. O Uganda, en el que se está quemando viva a las personas. Es un tema que ya ha entrado en la agenda política, hasta el punto de que Estados Unidos, que da muchísima ayuda en cooperación a Uganda -en prevención de VIH son unos 200 millones de dólares- ha condicionado su ayuda porque no va tolerar esas leyes.

El tema es de primer orden. Cuando se presentó la red europea de la que el PIAHT forma parte, tuvimos el privilegio de ser recibidos por la reina Máxima de Holanda. Esto era impensable hace 50 años.  Es importante y necesario para normalizar contar con el apoyo de todas las instituciones que conforman el Estado de Derecho. Estamos hablando de una realidad que afecta miles y miles de ciudadanos, de personas que viven en el país en el que ellos ostentan su cargo.

El PIAHT sí tiene apoyo institucional, en el sentido de que es un servicio público.

Es un servicio público, gratuito, especializado y confidencial. Cualquier persona, no sólo de Madrid sino de todas las Comunidades Autónomas e incluso del extranjero, será atendida aquí. El PIAHT es el único dispositivo de este tipo a día de hoy en España. Su origen está en la iniciativa de varias asociaciones LGBT, que presentaron una demanda a la Asamblea de la Comunidad de Madrid en el año 2000. Realmente era una necesidad que, por unanimidad, la Asamblea de Madrid decidió respaldar, y  creo que es un ejemplo y un referente para el resto de España.

¿Qué tipo de necesidades atendéis?

De todo tipo. Son fundamentales las necesidades psicológicas, por ejemplo en el sentido de la autoaceptación. Muchas personas sufren la homofobia de manera particular: han interiorizado los prejuicios y estereotipos relativos a la homosexualidad, lo que les provoca un malestar. También problemas relacionados con la aceptación familiar, el rechazo en el ámbito educativo, en el ámbito laboral y vecinal. Nuestra asesoría psicológica ofrece tanto atención individual como grupal.

Los problemas de la LGBTfobia deben ser analizados y trabajados en su propio contexto. No es lo mismo la situación de aceptación y de rechazo que puede vivir un adolescente que la que puede vivir una persona que ha vivido una vida heterosexual, pero que se enfrenta a su verdadero yo y trata de romper con el pasado. Hay un grupo específico de trabajo con personas que están o han estado casadas heterosexualmente pero que se plantean vivir una vida como personas gays y lesbianas. También tenemos un grupo de autoaceptación para gays, para lesbianas, de apoyo a gays y hombres bisexuales seropositivos, de adolescentes… El grupo de vinculación afectiva trabaja la vivencia de la propia afectividad desde los problemas que ha conllevado la homofobia interiorizada: hay relaciones de pareja LGBT que fallan porque se arrastran cuestiones que han creado desajustes. También está el grupo de apoyo a padres y madres de personas LGBT, que tienen problemas de aceptación hacia sus hijos. Existe desde la apertura del Programa pues la atención a las familias es uno de los puntos clave.

Dentro de las siglas LGBT, ¿no se suele dejar de lado la T? Las personas transexuales son verdaderas víctimas del silencio, de la falta de educación social en torno a un tema que se malinterpreta radicalmente.

En el PIAHT la transexualidad es prioritaria.  Las personas transexuales están terriblemente estigmatizadas, porque se las asocia con perversión, vicio, marginalidad y prostitución. Si la homosexualidad tiene aún una carga negativa, en el caso de la transexualidad esta es mucho mayor.

Las personas transexuales muchas veces acaban en la calle, ejerciendo la prostitución, porque han tenido problemas familiares y en su entorno educativo que les han forzado a abandonar los estudios. Al no tener formación no han podido acceder al mercado laboral, por lo tanto la única salida que les queda es la prostitución. Sin embargo, la sociedad es también muy hipócrita y debemos dejarlo claro: las mujeres transexuales que ejercen la prostitución y no están reasignadas de sexo, tienen una fuerte demanda por parte de hombres en principio heterosexuales. El problema está también en la sociedad, porque permite y se fomenta todo esto, dejando a estas personas en unas condiciones muy por debajo de la mayoría, a menudo en una situación muy vulnerable, de absoluta indefensión.

Los medios de comunicación a menudo facilitan que se asocie la homosexualidad a la perversión. Existe también toda una cultura de ocio en torno a la figura de los drag queens

En los 90 hubo una cultura muy extendida del drag queen, pero esto no tiene nada que ver con la transexualidad. Un drag queen es un hombre, que puede ser heterosexual u homosexual, que en un momento dado se disfraza de mujer por diversión. Tampoco es lo mismo el travestismo que la transexualidad: el travestismo es la necesidad que tienen algunos hombres, no necesariamente homosexuales, de vestirse y actuar como mujeres en determinados momentos sin que por ello renieguen necesariamente de su condición de hombre. Una persona transexual ha nacido con los genitales de un determinado sexo, pero realmente se siente identificada con el sexo contrario de forma permanente, casi desde que han nacido. Es una diferencia muy importante: la transexualidad requiere una intervención psicosocial y  otro tipo de realidades no.

Pero que una intervención desde la Administración sea requerida no quiere decir que la transexualidad sea una enfermedad mental; afortunadamente la psicología ha evolucionado en este sentido. El problema real es la transfobia y el sufrimiento al que somete a las personas transexuales. Realmente tienen un valor increíble. Bajo mi punto de vista son las más vulnerables, rechazadas y discriminadas. Si eres, por ejemplo, un niño gitano, sufres una discapacidad o eres de color, al menos tu entorno te va a apoyar. Pero si eres transexual no tienes ninguna garantía de ello: tus familiares pueden ser incluso quienes más te rechacen y hagan sufrir. Las personas transexuales son auténticas supervivientes, que tienen que luchar día a día contra todo lo que les rodea para sobrevivir. Y eso es duro. Pero les exigimos que sean personas perfectamente convencionales, estándares, adaptadas a todas las costumbres sociales. ¿Cómo puedes esperar que una persona que lleva luchando toda su vida contra todos los elementos sea una persona absolutamente estándar?

En el momento en que se decida equilibrar esos desajustes, en el que haya una voluntad por ayudar a que esas personas que han tenido todos esos elementos en contra, quizás las podamos ir integrando poco a poco en el sistema. Pero no se puede pretender que alguien que ha estado absolutamente excluido del sistema sea la persona más convencional. La integración no se da de un día para otro, ni se arregla en un momento. Estamos hablando de generar hábitos, a través de contextos, formación y un respaldo continuado.

A partir de estos 12 años como coordinador del Programa, ¿qué pedirías al ciudadano de a pie?

Que antes de emitir un comentario sobre una persona LGBT lo pensara dos veces. Que antes de tener una actitud de rechazo e piense si la sociedad es tan monolítica como parece, o si somos todos muy diversos, y si realmente cualquiera está en situación de juzgar a otro por ser diferente. Todos tenemos el derecho a ser respetados en nuestra diferencia y a ser felices.

La sociedad es dura para todo el que tiene una diferencia. Así lo siente la persona con diversidad funcional por las dificultades en la integración y el trato de los demás. Así lo siente la persona inmigrante abusada y minusvalorada. También la persona de edad que ya no es joven ni útil al sistema, al que se margina y aparta. El caso de las personas LGTB es similar. Ese concepto cerrado de sociedad idílica construida, discrimina a todo aquel que no está dentro de unos cánones determinados; en realidad excluye al 99 por ciento de las personas, pues todos somos diversos.

Entrevista: Violeta Lanza

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