Ortega y Gasset ha pasado a la historia de España como paradigma del intelectual contemporáneo. ¿Su legado se limita al siglo pasado, o tiene aún vigencia? The Bo Review ha podido conversar a este respecto con Javier Zamora Bonilla, director del Centro de Estudios Orteguianos de la Fundación Ortega-Marañón. Doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología, es profesor del Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense de Madrid.

Es difícil definir a Ortega: se le califica de filósofo, literato, periodista e incluso político. Él, tan crítico con la Monarquía en su momento, tampoco dejó de denunciar los defectos de la República posteriormente…

Ortega es un claro representante de lo que a finales del siglo XIX en Europa se llamó “intelectual”: alguien que con su obra y con su pensamiento interviene en el debate público. Esto no le hace menos literato, filósofo ni pensador. Además fue un gran empresario cultural, llevando a cabo multitud de iniciativas: la Revista de Occidente -que sigue viva-, el diario El Sol… Su pensamiento estaba, como decía él, “en la plazuela pública”.

Tuvo algunos intentos de participar en la vida política, aunque de ninguno salió muy bien parado. Se aproximó a los socialistas, luego a Lerroux , después al Partido Republicano Reformista de Melquíades Álvarez  -en los años de la Liga de Educación Política Española- pero no se consiguió abrir una tercera vía en el régimen de la Restauración. Tuvo una participación importante con su artículo “El error Berenguer”, en el que dice  “Delenda est Monarchia. Españoles, vuestro Estado no existe, reconstruidlo”. Aunque enseguida se dio cuenta de que la República estaba tomando unos tintes radicales que no le gustaban. De ahí que en fecha tan temprana como mayo del año 31 publicara un manifiesto contra la quema de conventos e iglesias y que en septiembre escribiera “no es esto, no es esto, la República es una cosa, el radicalismo es otra; si no, al tiempo”. El radicalismo que preocupó a Ortega fue el de unos y otros: cuando gana la CEDA -Confederación Española de Derechas Autónoma- en noviembre del 33, publicó dos artículos pidiendo que Gil Robles se definiese republicano, porque no estaba claro que fuese a construir República sino más bien a demolerla.

Sin duda es una de las figuras más importantes del siglo XX español, y no precisamente porque se limitara a su papel de académico en su cátedra. El Centro preserva su legado, que es singular precisamente porque no puede anclarse en el pasado sino comprometerse con el presente y el futuro. ¿Cómo se ajusta el Centro a este compromiso?

Siempre hemos procurado que el pensamiento de Ortega sea un pensamiento vivo, que nos sirva para entender su tiempo y entender el nuestro. Si algo define a un clásico del pensamiento es que nos sigue diciendo cosas importantes, aunque evidentemente no podamos descontextualizarlo. En concreto, mi biografía es un estudio sobre Ortega como intelectual contemporáneo que interviene en el debate público de muy diversas formas: desde la prensa, creando asociaciones como la Liga de Educación Política Española en 1913, la Agrupación al Servicio de la República en 1931, con iniciativas culturales…

Como pensador en tiempos de crisis, sus aportaciones nos ayudan a reflexionar sobre la actualidad. Ortega reflexiona acerca de la crisis de la Europa de entreguerras que desemboca en los totalitarismos. Para él, una crisis histórica es un momento donde las creencias de una sociedad dejan de tener vigencia: ya no hay fe viva en ellas, y empiezan a surgir nuevas ideas. Vemos que lo viejo no funciona, pero tampoco tenemos claro qué es lo nuevo… La filosofía de Ortega se llama filosofía de la razón vital e histórica. Pone al hombre en el centro del pensar: la filosofía es para la vida, teniendo en cuenta que toda vida es histórica y para entendernos como hombres tenemos que contarnos nuestra historia. Muchos otros aspectos de su filosofía iluminarían hoy cuestiones actuales: respecto al problema de los particularismos en España -tan intensamente debatidos ahora al hilo de la propuesta secesionista de Cataluña- hace un discurso en las Cortes Constituyentes defendiendo una España autonómica frente a una España federal. Es un tema que sigue teniendo su vigencia, como su visión de las vanguardias y del arte.

Desde el Centro de Estudios Orteguianos difundimos la obra y, a través de ella, el pensamiento de Ortega. Durante estos últimos años hemos elaborado la edición de sus Obras completas junto a la editorial Taurus. Han sido 10 volúmenes, casi 11.000 páginas: es una edición crítica que va a permanecer como referencia por sus criterios rigurosos. Además, ahora vamos a renovar toda la colección de Revista de Occidente en Alianza Editorial, en un formato de obra de bolsillo, y alentamos o participamos en la elaboración de ediciones críticas y anotadas… También publicamos la Revista de Estudios Orteguianos -que es un foro de todos los orteguianos del mundo-, donde damos a conocer, entre otras cosas, algunos inéditos del filósofo como sus Notas de trabajo, y organizamos seminarios, cursos y conferencias. El Centro trabaja siempre en torno a la figura de Ortega, pero la Fundación Ortega-Marañón hace otras muchas actividades con las cuales colaboramos desde nuestro departamento.

El pensamiento español no termina de arraigar en Europa ¿Se estudia internacionalmente a Ortega tanto como nosotros a autores como Kierkegaard, Kant o Nietzsche?

En Europa, a día de hoy, desde luego no tanto como creo que merece. En la que antes llamábamos Europa del Este, tras la caída del muro de Berlín, obras como “La rebelión de las masas”, “España invertebrada” y “Meditación de Europa” se estudiaron con mucho interés. Estas obras se han convertido en referencia en países como la República Checa, Polonia, Hungría. En todos ellos hay núcleos de estudiosos que están en contacto con el Centro.

En países de tradición filosófica consolidada como Alemania, Francia, Inglaterra o Estados Unidos, es verdad que Ortega hoy no está en el canon -yo creo que de forma desacertada. Si le preguntas a cualquier persona alemana dónde va a estudiar filosofía, no creo que piense en venir a estudiar a España porque no ve la importancia del pensamiento aquí. Tenemos que ser nosotros quienes sepamos ponerlo en valor, no con un ánimo chauvinista ni nacionalista: esos planteamientos en la filosofía son totalmente absurdos. Pero es difícil que el pensamiento español se valore fuera si no se valora dentro… Los españoles somos un “corralito” muy pequeño. Donde el pensamiento español puede ganar fuerza es en la América hispana, donde hay un interés creciente por la filosofía orteguiana, lo que me hace pensar que Ortega estará en el canon de la filosofía internacional dentro de no demasiado tiempo. Aquí, modestamente, trabajamos para ello; no de una forma venerativa sino fomentando un estudio crítico y riguroso.

Está usted muy involucrado en el ámbito universitario. ¿Es necesaria una base de humanismo en la Universidad para que cumpla mejor su función?

Las humanidades deben estar muy presentes en todo el proceso educativo, no son un mero adorno. La literatura, el arte y la música nos enseñan muchas cosas en sí mismas, pero además nos muestran cómo era la política de un momento determinado. Cuánta política no hay en las comedias de Lope, o cuánta imagen de las creencias de la época en Calderón. Las ciencias sociales, si no tienen un diálogo estrecho con las humanidades, pierden su sentido quedando reducidas a mera estadística. Para permitirnos interpretar la sociedad del momento, las tendencias políticas, las posibles reformas… hay que mantener un intenso diálogo con las humanidades.

En “Misión de la Universidad”, Ortega afirma que la misión de la universidad es, además de formar buenos profesionales, hacer hombres cultos. Toda universidad tendría que tener como núcleo una facultad de cultura, donde hubiese una serie de asignaturas de diferentes disciplinas que deberían cursar todos los alumnos… Hombres cultos, pero no en el sentido de eruditos porque la cultura es, para Ortega, el conjunto de respuestas vitales que en cada momento de la historia se da a los problemas de los hombres.

 

Entrevista: Álvaro Márquez, Violeta Lanza

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