El desafío de la I+D+i Entrevista a Emilio Muñoz, ex-presidente del CSIC

Emilio Muñoz Ruiz (Valencia,1937) es verdaderamente atípico. Tras adquirir una importante reputación internacional como investigador en los campos de bioquímica, biología molecular y celular, a su regreso a España, donde contribuyó en condiciones difíciles al  desarrollo de esas disciplinas, se planteó que el país carecía de política científica. Su compromiso con la ciencia española ha sido decisivo: entre otros muchos cargos, ha desempeñado los de Director General de Política Científica (19821986) y Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (19881991). Cita a un compañero biotecnólogo británico  al decir que, de las cuatro etapas de la vida del investigador -laboratorio, gestión, filosofía y jardinería- él todavía no ha llegado a la jardinería…

Vamos todos en un mismo barco, hemos salido a navegar sin las debidas precauciones y nos ha sorprendido la tormenta. Para evitar el hundimiento debemos aligerar la carga y lanzar un tripulante por la borda. ¿Por qué no puede ser la I+D+i el tripulante sacrificado?

Parece que ésa es la opción que se toma en ciertos países sí y en otros no. Cuando la I+D+i forma parte esencial de la cultura y de la estrategia de una nación, es algo que probablemente se aprecia y respeta. Cuando no es así, parece que es lo que se lanza por la borda.

Si repasamos la historia de la Humanidad vemos que siempre hay una correlación entre civilización y desarrollo científico y técnico. Nuestra sociedad industrial está basada en la relación estrecha entre tecnología y ciencia, y su repercusión sobre las condiciones de vida y el bienestar. Hay que ser muy ignorante y poco innovador, e incluso poco amante del territorio en el que se vive, para no tener en cuenta esto.

Defender la ciencia en tiempos de dificultad no parece muy efectivo, teniendo en cuenta la austeridad de la política científica actual, que se nos presenta como inevitable. El Proyecto de los Presupuestos Generales del Estado de 2014 va a incluir créditos de un 1,3% más que en 2013 para I+D+i civil, mientras que los presupuestos destinados a I+D+i militar militar crecerán un 39,5%. ¿Esta distribución está más justificada de lo que puede parecer?

La distribución del presupuesto entre I+D+i civil y militar en España es una cuestión histórica. En un determinado momento se decidió reducir el presupuesto en lo que se podría llamar investigación militar, aunque durante bastante tiempo no se desarrollaba nada propio sino que se compraba material. Interpreto que, como consecuencia de esto, se ha considerado que Defensa había quedado muy parca y por eso se he aumentado. El error no es apostar por la investigación militar, sino no apostar por la civil. Todos los países avanzados han tratado siempre de compaginar inversión en I+D+i civil y militar. El proyecto Genoma Humano se lanzó desde el departamento de Defensa de Estados Unidos, en colaboración con entidades civiles… La política científica que tiene pleno sentido es transversal: nunca puede ser una política sectorial, sino estratégica y de conjunto.

El problema es que en España no tenemos tradición, y esto lo arrastramos históricamente. Cuando se ha creado un ministerio especializado, en cierto modo no ha tenido el efecto esperado. Y cuando se ha creado un ministerio no específico -como el actual de Economía y Competitividad- pues tampoco llegamos a muchos lados porque siempre está la dificultad de entender estas cuestiones. Siento una envidia sana de las elecciones en Estados Unidos, en las que los dos candidatos a la presidencia son entrevistados en la revista Science y expresan sus propuestas. En las últimas elecciones españolas hubo programas electorales en los que no había ni siquiera mención a este tema.

Por otro lado la cultura del mundo empresarial español nunca ha ido por esta vía, con honrosas excepciones. Hace poco aparecía en El País una relación de las principales empresas: la primera española aparecía en el lugar 72º. Es Inditex. Su dueño, sin embargo, es el 3º en fortuna individual, lo que está muy lejos de otras grandes empresas  de  países con mayor y mejor distribución en las posiciones. Somos un país de empresarios que tienen éxito, pero no están orientados a crear…

Ramón y Cajal es uno de los dos únicos premios Nobel científicos españoles, junto con Severo Ochoa. ¿Qué puede diferenciar a la ciencia española de otras como la alemana, que ha producido 77 galardonados, o de la británica, que tiene 68?

Severo Ochoa salió de España -siempre se ha dicho que fue por motivos políticos, pero realmente salió para trabajar- y desarrolló su actividad fuera. El único Premio Nobel español en ciencia, en sentido estricto, es Santiago Ramón y Cajal. En sus reflexiones -que trataba de transmitir a la sociedad en libros como “Los tónicos de la voluntad”- expone sus críticas acerca de la sociedad, el poder político y los poderes económicos. Los demás no podemos nada más que mantener este espíritu crítico.

Es muy raro que se estime en el mundo de la ciencia a un investigador procedente de un país de menor cultura científica. El mercado de la ciencia también actúa, y no es lo mismo trabajar aquí que trabajar en otros lugares… yo he vivido estos prejuicios en mi propia experiencia. Aunque hemos mejorado mucho las condiciones materiales, el ambiente cuesta. Hoy yo me pregunto si España puede apostar por la excelencia, por la internacionalización en investigación: lo veo con dificultades porque hay varias plagas en la política científica española.

Pero los españoles no somos unos negados para la investigación: lo que se necesita es apoyo y un entorno adecuado. Muchos españoles ocupan hoy cátedras por todos los países civilizados, o puestos de dirección. Es fundamental la internacionalización, que puede enriquecer muchísimo a España y a los demás países. Una de las cosas que tiene que comprender el mundo es cómo es España de verdad. Nos hacen unos juicios poco basados en el conocimiento real: o somos castañuelas y toros, o de repente en los años 80 creen que somos la gloria. Ni una cosa ni otra. En este momento siento que una de las cosas que nos está ocurriendo en Europa -aparte de que ésta está en crisis como concepto político- es que sus supuestos líderes no tienen ni remota idea de lo que es España.

Investigación y universidad son prácticamente indisociables. Sin embargo, según el ranking QS de 2013, la primera universidad española -la Autónoma de Barcelona- es la 177 del mundo…

Y hemos mejorado. La universidad española también arrastra todos los problemas culturales, a pesar de que somos un país con universidades muy antiguas como Salamanca. Hemos hecho un esfuerzo tremendo para hacer muchas universidades, lo que ha extendido la formación, pero yo sigo sosteniendo que no podemos tener tantas. Y aunque haya gente muy cualificada y de primera línea en ellas, carecen de toda la tradición que significa el concepto de institución. Una de las plagas de la política científica española es la ausencia de instituciones. No tenemos instituciones con auténtica tradición: se han creado de forma muy artificial, y siempre ligadas a personas individuales. Es otra plaga: el individualismo como factor de supervivencia.

¿Qué le diría a un joven universitario que va a comenzar ahora sus estudios científicos en España, con esperanzas de dedicarse a la I+D+i?

Que sí que hay esperanza para la ciencia española, aunque -sin irme por los territorios de Mao- esto requiere una revolución social y cultural profunda. Y en eso hay que empeñarse. Tiene que ser consciente y conocer lo que es la realidad española, pero eso no le debe desanimar sino que ello debe ser un acicate para el desarrollo y la innovación. Tiene que entusiasmarse, ser consciente que tiene que vencer alguna de las dificultades y los problemas españoles, saber que no hay que contar sólo con amigos sino que la ciencia es internacional: tiene que ir mirando para afuera. Aunque hay que trabajar aquí, si es posible: contribuir al desarrollo es un reto fascinante. Y hay que hacerlo cooperativamente, rompiendo esta plaga que he llamado individualidad como factor de supervivencia. Porque la cooperación -los que trabajamos en biología evolutiva lo sabemos, y algún economista se equivocó – es un factor positivo enorme de la evolución. Por eso invoco la revolución social y cultural.

 

Entrevista: Violeta Lanza

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Recientes publicaciones de Emilio Muñoz sobre la política científica y sus plagas:

http://esmateria.com/2014/01/19/las-siete-plagas-de-la-politica-cientifica-espanola/

http://www.eldiario.es/zonacritica/plagas-politica-cientifica-espanola_6_220187990.html

http://www.dilemata.net/revista/index.php/dilemata/article/view/269/293

ttp://www.cchs.csic.es/es/node/288670

http://www.asebio.com/es/boletin.cfm?bid=56

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